CAPÍTULO 29
UN RESUMEN
LO QUE JOSÉ SMITH CONTRIBUYÓ A LAS SANTAS ESCRITURAS
Después de considerar cuidadosamente los capítulos anteriores, uno podría preguntar qué
más, aparte de lo que llevó a cabo el profeta José Smith, puede exigirse de un profeta verdadero
de Dios. Aclaré verdades preciosas referidas en la Biblia, pero perdidas para el mundo como
consecuencia, indudablemente en muchos casos, de la brevedad de las explicaciones, la
incapacidad de legos y clero para entender, o porque el Señor las escondió, como Jesús lo
expresa:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y
de los entendidos, y las revelaste a los niños.
Sí, Padre, porque así te agradó. (Mateo 11:25-26.)
José Smith contribuyó tres tomos de Escrituras que son uno con la Biblia: (1) el Libro de
Mormón, del cual ya hemos hablado, que es una traducción de las planchas de oro que le entregó
el ángel Moroni, en las cuales estaba comprendida una historia de los antiguos habitantes del
continente americano; (2) Doctrina y Convenios, que contiene las revelaciones del Señor a sus
profetas, las cuales están relacionadas con la restauración del evangelio y la organización de su
Iglesia en su plenitud, en esta Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos; (3) la Perla de
Gran Precio.*
* Se presenta aquí una breve historia del libro, la Perla de Gran Precio, para la información del lector.
Parece que en el año 1828, un explorador francés llamado Antonio Sebolo obtuvo permiso de
Mehemit Ali, virrey de Egipto, para hacer algunas exploraciones en busca de antigüedades. Tres años
después, en 1831, Sebolo entró en ciertas catacumbas cerca del sitio que en otro tiempo ocupaba la
antigua ciudad de Tebas. Partió para París con once momias que se hallaban en un estado perfecto de
preservación. Sin embargo, mientras se dirigía a la capital de Francia, el Sr. Sebolo hizo escala en Trieste,
donde murió después de una enfermedad de varios días. Las momias entonces fueron enviadas a un
sobrino llamado Chandler. El Sr. Chandler vivía en Irlanda. Después de algunos rodeos las momias por
fin llegaron a Nueva York, dirigidas a Michael H. Chandler. Allí por primera vez se abrieron los
sarcófagos y se examinó el contenido. “Al abrir los ataúdes”, nos dice el Profeta, “descubrió (el Sr.
Chandler) que junto con dos de los cuerpos habla algo enrollado en la misma clase de lienzo, y saturado
en el mismo betún, los cuales, al examinarse, resultaron ser dos rollos de papiro.” Sobre estos rollos de
papiro había jeroglíficos hermosamente escritos “con tinta o pintura negra y unos pocos con tinta roja, en
perfecto estado de preservación”.
Un desconocido que se hallaba cerca de allí al tiempo del descubrimiento recomendó al Sr. Chandler
que buscara al profeta mormón, José Smith, pues probablemente sería el único hombre que podría darle
una traducción correcta de los manuscritos antiguos. El Sr. Chandler, sin embargo, empezó a exhibir las
momias en las ciudades principales de los Estados Unidos. Pronto se convirtieron en objetos de singular
interés. Los hombres letrados del país le aseguraron al Sr. Chandler que las momias, así como los papiros,
eran genuinos. Por cierto, recibió certificados de algunos de ellos en los que atestiguaban el carácter
genuino de su exhibición y de los caracteres que había sobre los papiros. No fue sino hasta el 3 de julio de
1835 que el Sr. Chandler llegó a Kirtland con las momias egipcias. Parece que inmediatamente se puso a
buscar al profeta José Smith. “Había cuatro figuras humanas”, escribe éste en su historia, “junto con...
figuras y símbolos jeroglíficos. En vista de que se le había informado al Sr. Chandler que yo podía
traducirlos, me trajo algunos caracteres y yo le di la interpretación, y él, como todo un caballero, me
expidió el siguiente certificado:
‘Kirtland, 6 de julio de 1835
Por la presente se hace constar a todos los interesados, concerniente al conocimiento del Sr. José
Smith, hijo, para descifrar los antiguos caracteres jeroglíficos egipcios que se hallan en mi posesión, los
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cuales he mostrado a los hombres más eminentes en muchas de las ciudades principales. Y de acuerdo
con la información que he podido obtener o se me ha comunicado, encuentro que la del Sr. Smith, hijo,
concuerda en los detalles más pequeños.
Michael H. Chandler, expositor y propietario de las momias egipcias’ ”
Poco después de haber recibido este certificado del Sr. Chandler, algunos de los miembros de la
Iglesia en Kirtland le compraron las momias y los papiros. En seguida, el Profeta, con la ayuda de
William W. Phelps y Oliverio Cowdery como escribientes, empezó a traducir los jeroglíficos extraños.
Con gozo infinito descubrieron que uno de los rollos contenía algunos de los escritos de Abraham,
mientras que el otro contenía escritos de José que fue vendido en Egipto. El Profeta tradujo el primero de
éstos, en parte. Es una relación de las aflicciones de Abraham en el hogar idólatra de sus padres, y su
rescate milagroso. También habla de la creación del mundo y de los espíritus que existieron antes, y
también revela el sistema astronómico que este patriarca antiguo conocía.
Parece que nunca se tradujo el rollo de papiro que contenía los escritos de José. Los santos retuvieron
las momias y las llevaron consigo en sus peregrinaciones hasta que se establecieron en su nuevo hogar,
Nauvoo, la Hermosa. Allí se exhibieron las momias en la Mansión de Nauvoo construida por el Profeta.
Después de su muerte, sin embargo, las momias y los rollos de papiro pasaron a manos de la familia del
Profeta y se vendieron. Por algún tiempo los estuvo exhibiendo una corporación de Saint Louis. Entonces
se vendieron a un museo de Chicago. Cuando el terrible incendio arrasó a Chicago en 1870, fue destruido
el museo, y se supone que con él las momias históricas y los anales sagrados de la antigüedad. De modo
que todo lo que se ha preservado para nosotros de esta interesante historia escrita sobre papiro se halla en
la Perla de Gran Precio. (Osborne J. P. Widtsoe, The Restoration of the Gospel, págs. 114-117.)
LA RESTAURACIÓN DE LAS LLAVES DEL SACERDOCIO
José Smith recibió el Sacerdocio Aarónico de las manos de Juan el Bautista.
Recibió el Sacerdocio de Melquisedec de las manos de Pedro, Santiago y Juan.
Recibió las llaves para volver “el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a
sus padres”, de las manos de Elías el Profeta.
De Moisés, recibió las llaves para el recogimiento de Israel.
De Elías, recibió las llaves del evangelio de la dispensación de Abraham.
En virtud de las llaves y ordenaciones que recibió, estableció la Iglesia de Jesucristo
nuevamente sobre la tierra, con la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva, a
saber: apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.
Enseñó los principios de verdad eterna tal como los recibió del Señor, y corrigió las doctrinas
y prácticas falsas que existían en las iglesias.
LA NECESIDAD DE UN PROFETA
Desde mucho antes, se había sentido la necesidad de un profeta que efectuase precisamente
esas cosas. Un escritor del diario The New York Herald, que había visitado al profeta José Smith
en 1842, escribió la siguiente narración del acontecimiento, la cual se publicó originalmente en
dicho periódico:
José Smith indudablemente es uno de los grandes personajes de la época. Manifiesta el
mismo talento, originalidad y valor moral que Mahoma, Odín o cualquiera de los otros espíritus
grandes que hasta hoy han motivado las revoluciones en las edades pasadas. En esta época
actual del mundo, incrédula, irreligiosa, idealista, geológica y propensa a lo animal, hace falta
algún profeta singular como José Smith para preservar el principio de la fe y sembrar los
gérmenes nuevos de una civilización que puede alcanzar la madurez en mil años. Mientras la
filosofía moderna, que no cree en nada sino en lo que uno puede palpar, se extiende por los
estados del litoral atlántico, José Smith está creando un sistema espiritual, combinado también
con la moralidad y la industria, que puede llegar a cambiar el destino de la raza humana...
Ciertamente a nosotros nos complacería ver que un profeta de esta categoría se levantara,
captase el sentimiento público y pusiera fin al torrente de materialismo que está arrastrando al
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mundo hacia la incredulidad, la inmoralidad, el libertinaje y el crimen. (George Q. Cannon,
Life of Joseph Smith, Juvenile Instructor, 1888, pág. 324.)
Josiah Quincy, en otro tiempo alcalde de Boston, conoció al profeta José Smith, y quedó
impresionado por el hecho de que algún día el mundo tendría que explicar su afirmación de que
era un profeta enviado de Dios:
No es del todo improbable que en algún libro futuro, escrito para las generaciones que aún
están por venir, se halle una pregunta más o menos como ésta: ¿Qué americano histórico del
siglo XIX ha ejercido la influencia más potente en los destinos de sus compatriotas? Y no es del
todo imposible que la respuesta a esa interrogación sea la siguiente: José Smith, el Profeta
mormón. Y la contestación, por absurda que indudablemente ha de parecer a la mayor parte de
los que hoy viven, podrá ser verdad obvia para sus descendientes. La historia contiene sorpresas
y paradojas tan extraordinarias como ésta. Con lanzar epítetos injuriosos contra la memoria del
hombre que estableció una religión en esta época de debates libres, que fue y es hoy aceptado
por decenas de millares como emisario directo del Altísimo, no va uno a desembarazarse de tan
extraordinario ser humano... (Josiah Quincy, Figures of the Past, pág. 866.)
Si el profeta José Smith no fue llamado de Dios, determine el lector para sí mismo la fuente
de estas grandes realizaciones.
Recordemos que hubo quienes lo acompañaron cuando le fueron manifestadas las visiones
celestiales; que, junto con él, recibieron el sacerdocio y llamamientos especiales; vieron las
planchas de oro de las cuales se tradujo el Libro de Mormón; y oyeron la voz del ángel declarar
que habían sido traducidas por el don y el poder de Dios. Todos estos testigos especiales
permanecieron firmes en sus testimonios durante su vida.
VERDADES REVELADAS Y PROFECÍAS CUMPLIDAS EN ESTA
DISPENSACIÓN
A fin de proporcionar un breve resumen, mencionaremos algunas de las verdades
importantes sobre las que el Señor ha derramado su luz divina por conducto del profeta José
Smith:
1. La personalidad verdadera de Dios.
2. La verdadera relación entre el hombre y Dios.
8. El fundamento correcto del evangelio:
(a) Fe en el Señor Jesucristo,
(b) Arrepentimiento,
(c) Bautismo por inmersión para la remisión de pecados,
(d) Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.
4. El conocimiento de la diferencia entre el Sacerdocio de Aarón y el de Melquisedec.
(Hebreos 7:11, 12.)
5. El entendimiento de los distintos oficios de estos dos sacerdocios, los deberes de cada
cual, el número de miembros que se requiere para formar un quórum, etc.
6. La debida organización de la Iglesia y su propósito.
7. El nombre correcto que debe llevar la Iglesia de Jesucristo.
8. Los discípulos de la Iglesia de Cristo fueron y deben ser llamados “santos”.
9. De dónde vinimos: nuestra existencia antes que naciésemos.
10. Por qué estamos aquí sobre la tierra.
11. Los tres grados de gloria y lo que uno debe hacer a fin de prepararse para la gloria
celestial.
12. Quiénes saldrán en la Primera Resurrección y quiénes no han de salir sino hasta el fin
de los mil años, que será el gran día del juicio.
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18. Que la obediencia a las ordenanzas del evangelio es tan esencial, que en el plan perfecto
de Dios se ha dispuesto una obra vicaria de los vivos a favor de los muertos para el beneficio de
aquellos a quienes no se ha predicado el evangelio, o no lo han aceptado en esta vida.
14. La predicación del evangelio a los muertos y el objeto que se persigue con ello.
15. Que se ha proveído un espacio de mil años (un milenio) para completar esta obra, sin la
cual el día del juicio final vendría al principio y no al fin de este período.
16. Que la condición y duración de la vida de uno aquí sobre la tierra es principalmente el
resultado de la vida que llevó en la preexistencia, así como la vida venidera será el resultado de
la manera en que vivamos y lo que hagamos aquí en esta vida.
17. Que la Iglesia establecida por Cristo en el Meridiano de los Tiempos cayó en un estado
de apostasía, y tanto los profetas antiguos como los Apóstoles del Maestro testificaron
abundantemente de este hecho.
18. Que los profetas del Antiguo Testamento y los Apóstoles del Nuevo predijeron una
restauración completa “de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas
que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 8:21), más bien que una reforma para corregir las
falsas enseñanzas de las iglesias.
19. El significado y cumplimiento de las siguientes profecías:
(a) “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para
predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran
voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que
hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” (Apocalipsis 14:6-7.)
(b) “Y él envíe a Jesucristo... a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta 108
tiempos de la restauración de todas las co8as, de que habló Dios por boca de sus santos profetas
que han sido desde tiempo antiguo.” (Hechos 8:20-21.)
(c) “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá
súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis
vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 3:1.)
(d) “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me
honra, pero su corazón está lejos de mi, y su temor de mí no es más que un mandamiento de
hombres que les ha sido enseñado;
por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio
grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia
de sus entendidos.” (Isaías 29:13-14.)
(e) “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás
destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá todos estos reinos,
pero él permanecerá para siempre.” (Daniel 2:44.)
20. La vuelta de Elías el Profeta a la tierra, y porqué lo hizo. (Malaquías 4:5, 6.)
21. La razón del maravilloso cambio en el mundo en lo que respecta a la preservación de
datos genealógicos y organizaciones, sociedades, bibliotecas, y estudios e investigaciones
genealógicas.
22. Que el matrimonio, según las Escrituras, tiene por objeto ser eterno.
23. Que la unidad familiar ha de continuar más allá del sepulcro.
24. La razón por qué se le edifican templos al Altísimo, y para qué se usan.
25. El sitio del templo que Isaías vio edificar en las cabezas de los montes en los últimos
días. (Isaías 2:2, 3.)
26. Que en caso de enfermedad debemos llamar a los ancianos o élderes de la Iglesia para
que unjan a los enfermos con aceite. (Santiago 5:14-16.)
27. El mandamiento de Dios dado a Ezequiel de que se escribiesen dos palos (o historias),
una de Judá y sus compañeros y otra de José y sus compañeros, y cuáles son estos dos anales.
(Ezequiel 37:15-19.)
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28. El pueblo que hablaría desde la tierra como si fuera con voz de pitón. (Isaías 29:1-4; 2
Nefi 25:7, 9; 2 Nefi 26:15-17.)
29. Cuál es el “libro sellado” al cual se refiere Isaías. (Isaías 29:11, 12; 2 Nefi 27:5-26.)
30. El pueblo al cual se estaba refiriendo Jesús cuando dijo: “También tengo otras ovejas
que no son de este redil.” (Juan 10:16; 3 Nefi 15:11-21.)
31. Las declaraciones hechas a José por su padre Jacob, repetidas por Moisés, en las que le
fue prometida una tierra nueva en los “términos de los collados eternos” (Génesis 49:22-26;
Deuteronomio 88:13-18), y dónde se hallan este país nuevo y collados eternos a los cuales se
hace referencia.
32. Cuándo y por qué fueron sepultadas en las profundidades de la tierra las ciudades que se
están excavando en Centro y Sudamérica. (8 Nefi, capítulo 8.)
33. De dónde vinieron y quiénes fueron las naciones civilizadas que en otro tiempo habitaron
este hemisferio americano, en vista de las grandes ciudades y edificios que se están excavando.
34. Que habría dos centros de recogimiento, no uno, en tos últimos días; uno para la tribu de
Judá en Jerusalén, y otro en América para los israelitas de la descendencia de José. (Eter,
capítulo 18.)
35. La diferencia entre las bendiciones de Judá y José en lo que respecta al sacerdocio.
(Hebreos 7:4; 1 Crónicas 5:1, 2.)
36. Que los israelitas de la posteridad de José serían recogidos en los últimos días en esa
parte de las Américas designada en las Escrituras como desierto y tierra sedienta de agua.
(Jeremías 81:6-18; Isaías 2:2,3; capítulo 35; 41:18-28; 48:18- 21.)
37. El llamamiento de patriarca, o evangelista, como suele llamársele. (Génesis capítulo 49;
Deuteronomio capítulo 83; Hechos 2:29; 7:8-9; Hebreos 7:4; D. y C. 124:91-93.)
38. Que Jesús nunca bautizó a los niños pequeños, ni tampoco sus Apóstoles, antes
“tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”. (Mar. 10:16)
39. Lo que es el Urim y Tumim, y para qué lo usaban los profetas de la antigüedad, y qué fue
de él. (1 Samuel 28:6; Esdras 2:62-63; Levítico 8:8; Deuteronomio 88:8; Exodo 28:30;
Números 27:21.)
40. Que la ley de los diezmos es el plan del Señor para sostener su reino en la tierra.
41. Que el Señor dio la Palabra de Sabiduría como revelación para la salvación temporal de
su pueblo en los últimos días, y que antecedió a la ciencia en cuanto a la declaración de las
cosas que no son buenas para el cuerpo.
42. Que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días mantiene un sistema
misional como lo instituyó el Salvador, en el cual los misioneros trabajan sin recibir
remuneración por sus servicios.
UNA OBRA MARAVILLOSA Y UN PRODIGIO
Ni José Smith ni hombre alguno podría haber obtenido toda esta información por leer la
Biblia o estudiar los libros que se han escrito. Vino de Dios. Es precisamente lo que Isaías
prometió que el Señor haría cuando las condiciones sobre la tierra llegasen al estado en que José
Smith las encontró cuando salió al bosque a orar en busca de entendimiento para saber a cuál de
las iglesias debería unirse.
Consideremos una vez más lo que el Señor prometió por medio de Isaías:
Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me
honra, pero su corazón está tejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de
hombres que les ha sido enseñado;
por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio
grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia
de sus entendidos. (Isaías 29:13-14.)
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Ciertamente es un prodigio grande y una obra maravillosa. ¿Se puede concebir algo más
prodigioso o maravilloso?
Ante todo esto, efectivamente perece la sabiduría de los sabios. El mundo no puede encontrar
una explicación satisfactoria. En la oficina del Historiador de la Iglesia, en Salt Lake City, se
hallan más de veinte mil libros, grandes y pequeños, en cada uno de los cuales se dice algo del
profeta José Smith. También se hallan archivados aproximadamente dos mil folletos sobre el
asunto. Muchos de éstos representan los esfuerzos de escritores no mormones de tratar de
explicar el enigma de José Smith y la obra que él estableció, pero no lo han logrado. Todas estas
obras se han ido acumulando desde el nacimiento de José Smith en 1805.
Bien predijo Isaías:
“Porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus
entendidos.” (Isaías 29:14.)
¿En qué otra forma podría cumplirse más literalmente esta profecía, de no haber sido por la
intervención de José Smith y la obra que el Señor estableció por conducto de él?
Llamamos la atención a un artículo publicado en The New York Herald, del cual citamos en
este capítulo: “José Smith está creando un sistema espiritual, combinado también con la
moralidad y la industria, que puede llegar a cambiar el destino de la raza humana.” Se hizo esta
afirmación en 1842; y al tiempo en que se escribe esta obra, siglo y medio más tarde, en vista de
todas las realizaciones que ha logrado la Iglesia fundada bajo su dirección, es evidente que este
pronunciamiento alcanzará un cumplimiento cabal.
Es igualmente seguro que tendrá cumplimiento la predicción de Josiah Quincy hecha en
1844, a saber:
No es del todo improbable que en algún libro futuro, escrito para las generaciones que aún
están por nacer, se halle una pregunta más o menos como ésta: ¿Qué americano histórico del
siglo XIX ha ejercido la influencia más potente en tos destinos de sus compatriotas? Y no es del
todo imposible que la respuesta a esa interrogación sea la siguiente: “José Smith, el Profeta
mormón”.
UNA RELIGIÓN “AMERICANA” MUNDIAL
El conde León Tolstoi, distinguido autor, estadista y filósofo ruso, tenía una opinión
semejante en cuanto al futuro destino probable de la “religión americana” fundada por conducto
del profeta José Smith.
Thomas J. Yates relata un incidente que ocurrió mientras asistía a la Universidad Corneil en
1900. Tuvo el privilegio de ser presentado al Dr. Andrew D. White, en otro tiempo presidente de
la Universidad Corneil y por esa época Embajador Norteamericano en Alemania. Al enterarse de
que el Sr. Yates era mormón, el Dr. White lo invitó a que pasara una tarde con él, y en esa
ocasión le informó de un acontecimiento relacionado con el conde Tolstoi que ocurrió mientras
aquél servía como Ministro Norteamericano en Rusia, en 1892. El Dr. White solía visitar al
conde
Tolstoi, y en una de las ocasiones sostuvieron una conversación sobre la religión. Citamos la
relación que el hermano Yates hizo de la conversación anterior, según le fue repetida por el Dr.
White:
—Dr. White —dijo el conde Tolstoi— deseo que me informe de su religión americana.
—No tenemos religión de estado en América —fue la respuesta.
Lo sé; pero deseo saber acerca de su religión americana.
Entonces el Dr. White pacientemente le explicó al conde que en América había muchas
religiones y que toda persona estaba en libertad de pertenecer a la iglesia particular en que
estuviese interesada.
Tolstoi contestó con impaciencia:
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-Sé todo esto, pero lo que deseo saber es acerca de la religión americana. El catolicismo se
originó en Roma; la Iglesia Episcopal se originó en Inglaterra; la Iglesia Luterana en Alemania,
pero la iglesia a que me refiero se originó en América y se conoce comúnmente como la Iglesia
Mormona. ¿Qué puede usted decirme acerca de las enseñanzas de los mormones?
—Pues no es mucho lo que sé de ellos —contestó el Dr. White—. Tienen una reputación no
muy buena, practican la poligamia y son supersticiosos.
Entonces el conde León Tolstoi, en su manera franca y severa pero afable, reprendió al
ministro.
—Dr. White, me es causa de grande sorpresa y desengaño el que un hombre de su erudición
y categoría se encuentre tan ignorante en lo que concierne a este asunto tan importante. La
gente mormona enseña la religión americana; sus principios no sólo instruyen a la gente acerca
del cielo y sus glorias consiguientes, sino la forma en que deben vivir para que sus relaciones
sociales y económicas de los unos para con los otros estén fundadas sobre una base sana. Si la
gente observa las enseñanzas de esta iglesia, nada puede estorbar su progreso: no tendrá
límites. En lo pasado se han iniciado grandes movimientos, pero han fenecido o sufrido
modificaciones antes de alcanzar la madurez. Si el mormonismo puede perdurar, sin variación,
hasta llegar a la tercera y cuarta generación, esta destinado a convertirse en la fuerza más
potente que el mundo jamás ha conocido. (Improvement Era, febrero de 1939, vol. 42, pág. 94.)
A causa de su conversación con el conde Tolstoi, el doctor White, al regresar a los Estados
Unidos, obtuvo un juego de los libros canónicos de la Iglesia y los depositó en la biblioteca de la
Universidad Corneil.
El conde Tolstoi indicó que “si el mormonismo puede perdurar, sin variación, hasta llegar a
la tercera y cuarta generación, está destinado a convertirse en la fuerza más potente que el mundo
jamas ha conocido”.
Lo anterior no es sino otra manera de describir lo que el profeta Daniel anunció al interpretar
el sueño del rey Nabucodonosor:
Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey
Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días..
Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido,
ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá todos estos reinos, pero él
permanecerá para siempre. (Daniel 2:28,44.)
¿Por qué debe dudar persona alguna de que el Señor cumplirá esta promesa? ¿Dónde, pues,
está el reino al cual se refiere Daniel? No ha de venir todo de una sola vez. Antes, fundado por
Dios y no por el hombre, está destinado a henchir toda la tierra, aun cuando su comienzo fuese
pequeño.
Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, he hirió a la imagen en
sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.
...y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la
imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra. (Daniel 2:84,85.)
¿Qué razón tiene el mundo para dudar? ¿Qué evidencia de mayor importancia podría Dios
incorporar en el reino que establecería en los últimos días, a fin de comprobar que es de El y no
del hombre? ¿Por qué se dilata tanto la verdad para recorrer el camino? Siempre es así. Cuando
Jesús vino entre los hombres y declaró que era el Hijo de Dios, la gente del mundo lo despreció.
Jesús dijo: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.”
(Juan 15:18.)
Si aceptamos como verdadera la declaración del profeta Amós cuando dijo, “Porque no hará
nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a su’ siervos los profetas” (Amós 3:7), claro está
que El no iba a establecer, sin un profeta, el reino que vio Daniel; ni tampoco llevarla a cabo, sin
un profeta, la obra maravillosa y prodigio que Isaías anunció. ¿Qué profeta pudo haber hecho
más para demostrar su fidelidad a su comisión y llamamiento que sellar su testimonio con su
sangre, como lo hizo el profeta José Smith?
226
William George Jordan escribió:
El hombre que tiene cierta creencia religiosa y teme discutirla, por medio de que se pueda
probar que es incorrecta, no es leal a su creencia; no posee sino la fidelidad de un cobarde a sus
prejuicios. Si amara la verdad, estaría dispuesto a dejar su creencia, en cualquier momento, por
una fe más alta, mejor y más firme. (The Power of Truth, pág. 11.)
Jesús expresó la misma idea cuando dijo:
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.”
(Mateo 5:6.)
LAS PROMESAS DE DIOS A LOS QUE BUSCAN LA VERDAD
En conclusión, quisiéramos sugerir al lector, si es amante de la verdad, que considere
imparcialmente la evidencia que hemos presentado respecto al llamamiento divino del profeta
José Smith y la verdad de la Iglesia que se estableció por conducto de él; y que siga el consejo de
Santiago como lo hizo el joven José Smith:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5.)
Le recomendamos, además, que ponga a prueba la promesa contenida en el Libro de
Mormón:
Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre,
en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con
verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del
Espíritu Santo. (Moroni 10:4.)
La fuerza de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días y el poder mediante el
cual está creciendo tan rápidamente estriban en el testimonio individual de sus miembros. Han
puesto a prueba esta promesa, y el Señor ha cumplido con su parte. No hay razón para que uno
quede satisfecho con menos de lo que sea un testimonio individual, en vista de lo que han
prometido Santiago y Moroni, aparte de esta afirmación del Salvador del mundo:
Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo
por mi propia cuenta. (Juan 7:16, 17.)
Se espera que cada uno de los lectores de este libro llegue a compartir, con su autor, un
testimonio individual de la verdad de estas cosas. Esto constituye la “perla preciosa” de gran
precio a que se refería Jesús cuando dijo:
También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,
que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
(Mateo 13:45,46.)
FULGURA LA AURORA (Himno N°1)
El alba rompe de verdad y en Sión se deja ver,
tras noche de obscuridad, bendito día renacer.
De ante la divina luz huyen las sombras del error.
La gloria del gran Rey Jesús ya resplandece con fulgor.
Ya es la plenitud gentil e Israel la paz tendrá.
Judá, limpiada de lo vil, en Canaán ya entrará.
Tornad, gentiles, a vivir y escuchad a Jehová.
Con brazo fuerte él vendrá, y a los suyos salvará.
Verdad del suelo ya da fe y ángeles proclaman ya
y luz celeste ya se ve, que a los justos guiará.
Parley P. Pratt. (1840)
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La prometida “obra maravillosa y un prodigio” está aquí entre los hombres. Se puede aceptar
o rechazar el mensaje y la obra. La elección es vuestra. Tal vez nunca más en esta vida volveréis
a tener la oportunidad de juzgar un asunto de igual importancia. Vuestra decisión os seguirá con
sus consecuencias por los siglos de los siglos.

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Sacerdote de la Iglesia de Jesucristo de lo Santos de los Últimos días.